Home!!!

IN ENGLISH:

I got into Athens last Sunday, 10 days ago, my last ride conveniently dropping me off at the Pilgrims’ Pride plant right around the corner from Laura’s trapeze studio, my transportation made possible by the evident need to move chicken carcasses from north Georgia to West Virginia. So now I’m living in a place with a bed and people I know and a cold, magical box full of healthy foods. I’m done traveling, after more than two years, sixteen countries, and ten billion conversations with strangers. What did it feel like to get back, to hug Laura, to start rushedly gushing praises of Uruguay, condemnations of Peru, and interrogatives about how we’re going to fix the world? Incredible, actually. I feel like I just finished a PhD in travel, or human studies, or intentional discomfort, or… A chapter of life closed, another one beginning, full of massive potential. Well, a chapter or PhD not totally closed, I guess, because Jesse and I want to write a book, which I guess makes us more like ABD. Oh, and he and Jess are still in South America, volunteering on a farm in Argentina last I heard. They’ll be flying out of Lima March 6th.

I flew from Lima to Fort Lauderdale on the 6th and hitched up to here, spending a comfy night in Port St John, Florida and the coldest one of the entire trip outside of Swainsboro, Georgia. Now I’m here, with my material needs met, and a shocking number of options for how to spend the next hours, months, and decades. So far I talked a lot about the path for transforming the US and the world, first to the maddeningly obvious unfinished work of social democracy and then onto the more difficult to visualize move to a socialist or anarchist society that actually functions and achieves the dream of a society that actually works to realize its fullest potential, for individuals and collectively. And I’ve spent a whole lot of hours reading about important things, Syriza/Greece’s battle for a new direction for austerity-engulfed Europe, the anti-capitalist, anti-state, feminist revolution in Syrian Kurdistan, and more detail on the rise of the Frente Amplio to power in Uruguay.

Anyway, I’m going to be trying to write a lot here as I work my way into writing the book. I want to put into words some of the incredible experiences from the last 5 months of the trip, and work through more of the ideas that will hopefully make our book a useful contribution to the project of bettering the human condition. Wow, so much hope! Let’s end with a paragraph that’s not about me.

Just a few hours after I got back, I got to go see Laura’s trapeze show at the non-profit studio where she both studies and works. Performance after performance at the show displayed some pretty amazingly artistic and athletic creatively choreographed routines. The performers ranged from teenagers to older women, and they performed in groups or individually, each piece the length of a song or two carefully selected to reflect their piece’s take on the show’s theme of duality. They were so good! I was particularly struck by a piece about imagination done by two older women. What hit me the hardest was that they got to be stars of something awesome and beautiful, have everyone’s attention and appreciation aimed directly at them while they did something of their own creation. I realized that that’s what we’re looking for. To be blunt, that’s…the revolution. I had just come back from Peru, a country that’s depressing for a whole bunch of reasons, but among them is that most people (at least on the coast, which is the only part I visited) just seem beat down by the difficulty of life. Women are particularly oppressed and objectified, surrounded by billboards and marketing showing them impossible, almost always white, images of female “beauty” and “must-have” products that they can’t afford. They’re kept out of good jobs by old boys networks and out of conversations and decision-making by patriarchal families. It’s not all bad, obviously, but it shows that we’ve got a long fucking way to go. And so too in the United States are we far from the society of equality and opportunity for self-actualization that we long for. But not so in Canopy Studios. That’s what we’re fighting for. That’s why we’re socialists, honestly. Yeah, we want to make sure everyone has food and a decent place to live and all that. But what’s the point? Material well-being. Free time. Good education. These things are steps. They are the base components that make it possible to craft your own life, to craft your own routine on trapeze, fabrics, or some odd hanging cube-thing. I’m not even a dancer of any kind, but the possibility of escaping from the drudgery of toiling labor and the repression of common sense in a capitalist society – that’s what drives me to work for building a better world, one that places the growth of people over the growth of the GDP.

So, here’s to a future in which we all get to actualize ourselves in whatever way we want, to live beyond what is strictly necessary and do things that enhance our humanity and evince our existence.

All in everything together,

Adam
from home

EN ESPAÑOL:

Llegué en Athens el domingo pasado, hace 10 días, el último aventón dejándome convientemente en la fábrica de Pilgrims Pride, justo doblando la esquina del estudio de trapecio de Laura, mi transporte posibilitado por la necesidad evidente de desplazar unas carcasas de pollo del norte de Georgia a West Virginia. Así que ahora estoy viviendo en un lugar con una cama y gente que conozco y una caja mágica y fría llena de comidas saludables. Ya no viajo, después de más de dos años, dieciséis países y mil millones de conversaciones con desconocidos. ¿Cómo me sentí al llegar, abrazar a Laura, empezar a elogiar con entusiasmo a Uruguay, condenar con tristeza a Perú y interrogar sobre cómo vamos a arreglar el mundo? Increíble, de verdad. Me siento como que acabo de terminar un PhD en viajar, o estudios humanos, o incomodidad intencional, o… Un capítulo de la vida cerrado, otro empezando, lleno de posibilidades emocionantes. Bueno, un capítulo o PhD no cerrado del todo, supongo, porque Jesse y yo queremos escribir un libro, lo que nos deja más como ABD (falta la tesis para el PhD). Oh, y él y Jess todavía están en Sudamérica, trabajando gratis en una granja en Argentina, yo creo. Tienen su vuelo de Lima el 6 de marzo.

Yo volé de Lima a Fort Lauderdale, Florida el 6 de este mes y llegué aquí a dedo, pasando una noche cómoda en Port St John, Florida y la más fría de todo el viaje cerca de Swainsboro, Georgia. Ahora estoy aquí, con todo lo que necesito y un número impactante de opciones para cómo pasar los próximas horas, meses y décadas. Hasta ahora he conversado mucho sobre el camino para transformar los EEUU y el mundo, primero al trabajo exasperantemente incumplido de la socialdemocracia y entonces a la transición mucho más difícil de visualizar a una sociedad socialista o anarquista que funcione de verdad y realice el sueño de una sociedad que trabaje para realizar su potencial máximo, individual y colectivamente. Y he pasado muuuuuchas horas leyendo sobre cosas importantes, la batalla de Syriza y Grecia para una nueva dirección para una Europa ahogando en la austeridad, la revolución anticapitalist, anarquista y feminista en el Kurdistán Sirio y más detalle sobre el ascenso al poder del Frente Amplio en Uruguay.

De todas maneras, voy a intentar escribir mucho aquí mientras empiece a escribir el libro. Quiero poner en palabras algunas de las experiencias increíbles de los últimos cinco meses y dar forma a las ideas que con mucha suerte hagan que nuestro libro sea un aporte útil al proyecto de mejorar la condición humana. ¡Uau, tanta esperanza! Terminemos con un párrafo que no sea acerca de mí.

Solo unas horas después de mi llegada en Athens, tuve la oportunidad de asistir el show de trapecio en el estudio sin fines de lucro donde Laura estudia y enseña. Actuación tras actuación del show demostraron rutinas impresionantes, atléticas y artísticas, con coreografía re creativa. Los bailarines incluyeron tanto jóvenes como mujeres mayores y actuaron en grupos o como individuos, cada pieza con la duración de una o dos canciones cuidadosamente seleccionadas para reflejar la interpretación de su pieza sobre el tema de la dualidad. ¡Fueron excelentes! Me impactó especialmente una pieza sobre la imaginación realizada por dos mujeres mayores. Ellas, como todos en el show, puedieron ser las estrellas de algo genial y bonito – tener la atención y la admiración de todos enfocadas directamente en ellas mientras hacían algo de su propia creación. Me di cuenta de que es eso lo que buscamos. Para ser directo, eso es…la revolución. Acababa de regresar de Perú, un país en que la mayoría de la gente (por lo menos en la costa, la única parte que visité) simplemente parece golpeada por la dificultad de la vida. Las mujeres, en particular, son oprimidas y objetificadas, rodeadas de publicidad que les muestra imagenes imposibles y racistas de “belleza” feminina y les vende productos “indispensables” que no pueden alcanzar. Una cultura machista y patriarcal les limita las oportunidades laborales y la participación en las conversaciones y la toma de decisiones. No todo en la sociedad está mal, obviamente, pero es evidente que tenemos un camino muy largo para andar. Y también en Estados Unidos estamos lejos de la sociedad de igualdad y oportunidad para la autorealización que anhelamos. Pero no es así en Canopy Studios. Es para eso que luchamos. Es por eso que somos socialista, honestamente. Sí, queremos asegurar que todos tengan comida y un lugar digno para vivir. Pero, ¿qué es el punto? El bienestar material. El tiempo libre. Una educación buena. Esas cosas son peldaños. Son los componentes básicos que hacen posible diseñar tu propia vida, crear tu propia rutina en trapecio, telas o ese cubo extraño que se cuelga del techo. Ni siquiera soy bailarín de ningún tipo, pero la posibilidad de escaparnos del trabajo arduo y fastidioso y la represión del sentido común en una sociedad capitalista – eso es lo que me empuja a trabajar para construir un mundo mejor, uno que priorice el crecimiento del ser humano por encima del crecimiento del PIB.

Brindemos por un futuro en que todos nos podamos realizar de cualquier manera que queramos, poder vivir más allá de lo estrictamente necesario y hacer cosas que fortalecen nuesta humanidad y dan evidencia de nuestra existencia.

Todos juntos en todo,

Adam
en casa

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Peru’s so Gay

The rainbow flag is the official flag of Cuzco. Apparently it may also hold additional meanings, from unity to religion. And of course, to us northern foreigners, it represents the rights of lesbian, bisexual, gay, and trans* people.

Right now Peru is in the middle of various political elections, and a few of the parties like to use this flag to represent themselves. Though the meaning may be different, I think it’s pretty awesome seeing strongly religious and conservative groups toting the rainbow flag.

En español no bueno:
La bandera del arco iris es la bandera oficial de Cusco. Al parecer, la bandera tiene significados adicionales, de la unidad a la religión. Y, por supuesto, para nosotros del norte, que representa los derechos de las personas lesbianas, bisexuales, gays, y trans*.

Ahora Perú tiene varias elecciones políticas, y algunas de las campañas gusta usar esta bandera en sus campaña. Talvez el significado es diferente, pero para mí, como un extranjero, es muy chévere ver los grupos muy religiosos y conservadores exhiben la bandera del arco iris.

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– Jessica
written in Peru, edited in La Paz, Bolivia
(did you know La Paz means “The Peace”?)

Sin Palabras/Without Words

Yo, en la cordillera cerca de Pasto, Colombia.

Yo, en la cordillera cerca de Pasto, Colombia.

ESPAÑOL:

Por seis semanas, este viaje me ha dejado sin palabras, por falta de acceso a computadoras, por no saber agradecer al mundo y por no querer condenarlo. Estoy en Santiago de Chile, lleno de tristeza, de información, de gratitud, de confusión. Estoy sentado en el sol de primavera del hemisferio sur y, por primera vez en tres semanas, es un día de descanso total.

Mis dos compañeros de viaje, adjuntos al último mes de mi vida por casualidad y elección, comparten este día de serenidad exterior. Gonzalo es un argentino de 32 años, sentimientos nobles, discursos extendidos, miradas compasivas y una voz idónea para acompañar su bongó en cumbias minimalistas que yo prefiero ante las versiones ocupadas escuchadas en tantas radios estos últimos meses. Está trabajando en el jardín de esta casa de campo en las afueras de la gran capital. Onairam es un mexicano de 22 años, una simpatía inagotable, una predilección para los dulces, un nombre que alarga las conversaciones y unas rastas que dejan a los niños con la boca abierta y las manos traviesas. Onairam está aprovechando la cama después de un almuerzo enorme.

Onai, en la cordillera cerca de Pasto, Colombia.

Onai, en la cordillera cerca de Pasto, Colombia.

Sí, tenemos casa y cama. Así ha sido en Chile, una lluvia de bondad de la gente con que nos hemos topado. Hemos comido, conversado y quedado como tortugas felices en la arena caliente. Esta casa es especial para mí además porque Lila y Omar son los papás y abuelos de mi familia de San Diego, los mexicano-americano-chilenos con que viví y que he vuelto a visitar cada año hasta este.

Todo es bonito.

Pero daría una percepción engañosa de este viaje y de mi vida si no admitiera que entre tanta bondad y belleza me siento bastante trastornado. Siento que estoy disfrutando y estoy deprimido a la vez. Dudo de mis pensamientos, de mí mismo y de la sociedad. Veo mis convicciones derretirse como cubos de hielo en el mar. Intelectualmente, sé que los cambios sociales y políticos que anhelo son posibles, pero me parecen tan distantes e improbables. En Perú, saludaba en la calle y la gente me hacía caso omiso. Me sentía cada vez más como un extraterrestre o un intruso no querido en un lugar que atravesaba demasiado rápido como para poder lograr entenderlo. Los anuncios electorales en todos los edificios promueven partidos con nombres bonitos hechos tristes por la promesas rotas de una democracia en que casi nadie cree. El lado de la carretera es un basurero sin fin en casi todas las ciudades de la costa por las que pasamos. Y, sin embargo, los peruanos con los que tuvimos la oportunidad de conversar fueron maravillosos, interesantes, llenos de corazón y de pasión por sus trabajos. En Chile, un país mucho más parecido a los Estado Unidos en mil sentidos, la gente nos habla con interés y amor, pero demuestran una antipatía sorprendente hacia los inmigrantes colombianos. Por nuestra parte, en nuestros 9 días en Colombia conocimos un pueblo alegre y trabajador, fascinante y diverso. Ah, hay tanto que contar! Ojalá que pronto.

Quizás sean estas contradicciones ubicuas, tantas cosas bonitas increíbles y tantas realidades sombrías innegables, que me tienen fuera de quicio. Me he encomendado a la humanidad y se ha mostrado tan compleja que no sé lo que pensar. El optimismo desbordado y la desesperación afilada me parecen reacciones igualmente razonables ante estas experiencias. Los seres humanos queremos ser buenos, pero somos tontos. Queremos amar, pero desconfiamos. Compartir nos libera y el sistema nos enseña a poseer. Esto. E ir con prisa no me ha dejado el tiempo suficiente para reflexionar sobre tanta novedad. Y vivir en mi segundo idioma limita mi capacidad para expresarme y para entender plenamente a los demás. Vivo con una neblina ligera en la mente.

Así que les informo que el mundo está bonito y está jodido, como si no lo supieran ya. Tomo sol y tomo agua en el pasto suave, optimista y temeroso por el futuro de mi especie, optimista y temeroso por el futuro mío. Inseguro, curioso, sin más palabras.

– Adam
Santiago de Chile

Gonza, en la cordillera cerca de Pasto, Colombia.

Gonza, en la cordillera cerca de Pasto, Colombia.

ENGLISH:

For six weeks, this trip has left me wordless, for lack of computer access, for not knowing how to thank the world, and for not wanting to condemn it. I’m in Santiago de Chile, full of sadness, information, gratitude, confusion. I’m sitting the southern hemisphere’s spring sun and, for the first time in three weeks, it’s a total rest day.

My two travel companions, bound to the last month of my life by coincidence and choice, are sharing this day of external serenity. Gonzalo’s a 32-year-old Argentine of noble sentiments, prolix discourse, compassionate looks, and the perfect voice to accompany his bongo on minamilist cumbias that I like much more than the busy ones that crowd the radio. He’s working in the garden of this country house just outside the capital. Onairam’s a 22-year-old Mexican of never-ending niceness, a love of sugary foods, a name that lengthens conversations, and dredlocks that leave Colombian kids with dropped jaws and tugging hands. Onairam’s taking advantage of the bed after an enormous lunch.

Yup, we’ve got a house and beds. That’s been Chile, a flood of goodness from the people we’ve encountered. We’ve eaten, conversed, and stayed (that was alliterative when I wrote this in Spanish) like happy, tired travelers (in Spanish, that was a simile about turtles that sounded embarassingly dumb to my pickier English ear). This house is especially special for me because Lila and Omar are the parents/grandparents of my San Diego family, the Mexicanamericanchileans I lived with and have visited every year until this one.

Everything is beautiful. Really.

But I’d be giving a misleading idea of this trip and my life if I didn’t admit that among such goodness and beauty I feel pretty damn torn up. I feel like I’m enjoying and depressed at the same time, and I can’t figure out how to put myself together. I doubt my thoughts, myself, and my fellow humans. I watch my convictions melt like ice cubes in an ocean. (That’s taken directly from The Shins, but there’s nothing wrong with mixed-authorship.) Intellectually, I know that the social and political changes I yearn for are possible, but they seem so distant and improbable. In Peru, I’d greet the people on the street and they’d ignore me. I spend a lot of time feeling like an alien, or someone misplaced by a tornado. I pass through countries too fast to do anything but be confused by them. Also in Peru, obtrusive and ubiquitous campaign posters/murals/billboards promote parties with beautiful names made ugly by the broken promises of a democracy almost no one believes in. The side of the highway is an endless strip of trash in almost every city we passed. And, nevertheless, the Peruvians we got a chance to talk to were awesome, fascinating, full of warm hearts and passion for their jobs. And in Chile, a country more like the U.S. in a thousand ways, people continue to show us interest, love, and plates full of food, while they say surprisingly ugly things about Colombian immigrants. All over Latin America, people generalize about ethnicities and nationalities in ways political correctness has taught us not to in the U.S. (For our part, in our 9 days in Colombia we encountered a hard-working and often joyful people, striking in its diversity and facial expressions. Ah, there’s so much to talk about.)

Maybe it’s these constant constant contradictions, so many incredibly beautiful experiences and undeniable somber realities, that have me out of rhythm. I’ve handed myself ove to humanity and found it so complicated that I don’t know whether it’s holding my hand or absent-mindedly lighting us both on fire. Boundless optimism and seat-slumping, tree-kicking desperation seem like equally reasonable responses to all this ridiculousness. Humans want to me good, but we’re so dumb. We want to love, but we don’t trust anyone. Sharing liberates us and the system teaches us to accumulate. All of this. And hurrying towards Argentina has left me with insufficient time to reflect on so much newness, so much chaos. And living in a second language leaves me a little dumber and a little foggier than I’d like every time I try to explain my crazy ideas or understand where someone else is coming from.

So I inform y’all that the world is beautiful and the world is fucked, as if you didn’t already know. There’s no rousing conclusion today. I sit in the sun, drink water in the soft grass, optimistic and scared for the future of my species, optimistic and scared for my future. Insecure, curious, without more words.

– Adam
Santiago de Chile